¿Está realmente preparada nuestra sociedad para la diversidad funcional?, es difícil contestar amablemente esta pregunta, en tanto ni siquiera estamos preparados para convivir en medio de la diversidad política y cultural.

Conversaba con un colega de trabajo y me invitaba a postergar un proyecto de revisión del alcance funcional de la normativa jurídica atinente al estudiante universitario en condición de diversidad funcional, a cuenta de los problemas presupuestarios de la universidad y a razón de las demás prioridades que tiene la universidad donde trabajamos.

Mi respuesta a tal gesto no pudo ser otra que la decepción ante un sistema general, cuyas prioridades no son las prioridades humanas, sino la mezquindad humana. Voltear a todos lados y percibir la extensión de dicha respuesta, es aún más deprimente.

Otro colega, más versado en el asunto, me decía que debo tener calma y saber apreciar los avances que han habido en la materia; de inválido, minusválido, incapacitado, discapacitado, a movilidad reducida y diversidad funcional, al parecer hay un gran paso, me decía este amigo.

Creo que la inclusión se tiene o no se tiene, los términos medios siguen siendo excluyentes, y la sociedad toda debe despertar a los avances que, si bien son más sutiles en sensibilidad, son también robustos en madurez social y política.

Si la adecuación de las estructuras físicas está tan rezagada en este aspecto, peor aún inadecuados son los programas educativos y las estrategias docentes para comprender la diversidad funcional en el aula, que van más allá de la física y de la apariencia conocida.

La movilidad reducida, las limitaciones en el habla o en la escucha y el pensamiento divergente, son modalidades altamente diferenciadas que no son reconocidas por igual como diversidad funcional. De allí que estamos lejos de ser incluyentes como sociedad.

El bullying (acoso, caciqueo o chalequeo) entre nuestros niños, adolescentes y no tan jóvenes, se da desde cualquier diferenciación o excentricidad que aleje el comportamiento humano del promedio indicado como correcto o eficiente.

Décadas atrás resultaba inconforme para la sociedad que las mujeres ejercieran el voto o que acudiesen a la universidad. Muchas cosas han cambiado con el tiempo, menos aceptar la diversidad funcional como algo normal.

No se trata de crear más y más leyes al respecto, se trata de aceptarnos desde las diferencias y de reconocer estas como el nutrimento del crecimiento social. La intolerancia aún nos carcome y precisamente la intolerancia a las diferencias más sutiles, tal vez las menos evidentes.

Si captamos el trasfondo de todo este asunto, tal vez nos acerquemos más como sociedad y seamos más tolerantes a la otra diversidad por la cual caemos en agresiones en nombre de la política partidista, el color de piel, la religión y la ideología en general.

Por favor, observemos bien el asunto y contribuyamos todos a integrarnos de la manera como jamás lo hemos hecho antes, aceptando nuestra diversidad, porque todos somos necesarios en este enorme y por demás complejamente diverso universo.

@samscarpato

Código: 02-2015-0129

Para citar este escrito: 

SCARPATO, Samuel. (2015). Por la diversidad funcional y por el universo entero. Primera publicación en fecha 03-Dic-2015 en el medio Facebook. Segunda publicación en fecha 21-May-2016. Consultado en fecha (día)-(mes)-(año). Disponible: http://samscarpato.com/por-la-diversidad-funcional-y-por-el-universo-entero/