Somos garantía de vida

Desperté y las seguía viendo, estaban allí. Me pregunté si aún estaba despierto. Era todo tan real, que continué observando con la misma curiosidad que siempre tuve por cada rinconcito de la naturaleza frente a los que me detenía por horas a identificar las formas de vida presentes y la relación entre ellas.

Cerré los ojos y nadaba bajo el agua, respirando normalmente; recorría esas ruinas para describirlas al detalle y buscar respuestas. Eran interminables, parecían hablarme de muchas civilizaciones que se sobreponían como piedras y escalones repletos de símbolos ajenos a la razón conocida.

Me asombraba que eran sólo eso, ruinas. De pronto, se apareció un jaguar y, con voz de anciano, me hablaba mientras me acompañaba en todo el recorrido, muy observador, con enormes ojos de magneto miel que jamás parpadeaban:

– ¿Qué ves?
– Ruinas, le contesté.
– Pues entonces despreocúpate de los acontecimientos y busca una nueva humanidad, no ruinas.

Eso fue todo lo que me dijo el jaguar. Volteó a mirar a lo lejos, como si algo o alguien lo llamase y echó a andar lentamente con rumbo fijo, se alejó un par de kilómetros, no sabría decirlo, hasta que una especie de selva flotante con espesa neblina lo cubrieron de a poco, hasta desaparecer de mi vista.

El sueño quedó claro a los pocos días de haberlo tenido

Esta especie de sueño, lo recordé al segundo y tercer día de haberlo tenido, me llegaron todas las vivencias. Desde ese momento, se me multiplicaron los nombres, las palabras, la toponimia; comencé a relacionarlo todo. Era la ruta de migración o distribución de la diáspora que salió del Caribe, Centro América y de todo el Atlántico central.

Me reconecté con ese convulso momento de 11000, 11400 años atrás, no lo sé. Fue como vivirlo de nuevo. Unos tantos huyeron hacia Canarias, otros hacia España y Portugal, algunos se adentraron en el Mediterràneo. Sin embargo, la mayoría se quedó cerca de su origen.

Las mayores oleadas se dispersaron en Norteamérica más próxima, otras se quedaron en partes altas del centro y sur de América. Lo que trato de identificar en mapas, me es confuso, porque todo cambió abruptamente.

Al bajar las aguas, pero no del todo, el panorama me era irreconocible, bajo el lodo y arena, y tal vez otros 120 a 160 metros agua, quedó todo sepultado, ya no era la misma geografía. Las décadas de desesperante acomodo fueron interminables.

Grupos ya más organizados, cogieron rumbo a los Andes, hablaban lenguas comunes, asociadas a lo que hoy identifico como Quechua. Los grupos remanentes fundaron lo que muchos siglos después fue la civilización Maya, al menos los veo en esa zona. Fue la última vez que los dioses bajaron a ayudarnos con la fundación.

Quedaron muchos grupos renegados, gente culta y sin ánimos de volver a someterse más que al imperio de la naturaleza, ellos ya hablaban con las estrellas directamente, no necesitaban intermediarios, es lo que yo veía. Luego de siglos de incomodidad dijeron ya basta. Hasta allí llegò su apoyo a los Maya.

Unas pocas familias se fueron con los dioses, mientras que millones de pobladores quedaron, de la noche a la mañana, absolutamente libres. Algo en ellos se formó como un código de vida, algo en su muy ancestral recuerdo les hacía repetirse “no seremos más serviles ni feligreses, venimos de muy avanzadas civilizaciones, ya no somos ni seremos siervos”.

¿Legado atlante o es sólo una imagen borrosa?

¿Fue por eso la extraña desaparición de los Maya –como imperio, más no como pueblo– hace miles de años?, ¿es esto lo que hace que la mayorìa de nuestros pueblos originarios de la América, no se dejaran someter por los Incas o Aztecas?, ¿cuál era ese silencioso recuerdo ancestral, acaso la Atlántida?

Estos extraños rebeldes se esparcieron por tierras que ya les decía. Algunos grupos en Canarias –pueblo Guanche–, España peninsular y Portugal (¿proto-celtas?), con particulares asentamientos en el mediterráneo. Y otros más numerosos, se quedaron en el continente americano.

Estos últimos, a su vez se dispersaron. Unos al este de Norteamérica y parte del mismo pueblo se fue, primero al norte de Suramérica y, despuès, hace casi 1600 años, cogieron hacia el sur del sur. Se han separado por milenios, no obstante, hablan lenguas muy similares, sus danzas e instrumentos, sus joyas son tan parecidas, sus rostros perfilados, creo que somos los mismos.

Otros con más rezago, se quedaron en lo que hoy es el Caribe, lo poblaron por completo, yéndose algunos hasta lo que hoy es el sur de Brasil y espacios fronterizos, los veo parecidos a los Guaraní. Sus lenguas son algo parecidas, tal vez menos estructurada y sus normas y códigos tal vez menos refinados con respecto a la gigantesca oleada anterior que llegó a lo que es hoy el centro y sur de Chile y Argentina.

Tal vez por esto, la lengua Mapudungún y los rituales Mapuche, los encontré tan similares a sus hermanos de Norteamérica, Portugal, Galicia y algunas partes del Mediterráneo, las danzas y los rostros, los caballos, los collares, las monedas en sus hermosas frentes femeninas, el lenguaje ancestral, todo me resulta tan familiar, que nos hace igualmente rebeldes, bien articulados para la batalla y tan familiares y espontáneos en la vida cotidiana. Por momentos vi rostros Celtas.

Algunos los llaman la raza Caribe, otros les dicen los eternos rebeldes sin causa. Creo que sí tenemos causa, la causa de ser nosotros mismos, además de la causa de fundar una nueva humanidad, porque llevamos con nosotros códigos de vida que salvarán el planeta.

Sólo nosotros recordamos en nuestra memoria genética, cultural y hablada, haber sobrevivido al nacimiento y ocaso de civilizaciones enteras, al no dejarnos someter y a comprometernos también al compromiso de transmitir al mundo los “nuevos viejos” códigos de vida, que nos fueron arrebatados por quienes osaron fundar religiones y jerarquizadas estructuras sociales hace miles y miles de años.

Sobrevivimos a lo que ya murió, antes, durante y después de la Atlántida, ahora nos toca guiar a la humanidad por el sendero de su refundación para la vida.

Escúchennos, se los pido y, tal vez, seremos salvos.
Samuel A. Scarpato-Mejuto.
Mayo 2012
@samscarpato

Código: 01-2020-9024

Para citar este escrito:

SCARPATO, Samuel. (2020). ¿Son sólo ruinas Maya o fuimos más que eso? Primera publicación en fecha 16-May-2012 en el medio Facebook. Segunda publicación en fecha 16-Mayo-2020. Consultado en fecha (día)-(mes)-(año). Disponible: https://samscarpato.com/son-solo-ruinas-maya-o-fuimos-mas-que-eso/