Venezuela: país de anuncios, decisiones pospuestas y acciones tardías

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Hablar con honestidad en Venezuela sobre la política pública es un acto temerario que siempre trae problemas, por eso nos hemos acostumbrado a ser evasivos con lo propio y sin embargo muy frontales con lo ajeno. Difícilmente encontrarás un líder político que te explique con transparencia lo que ocurre, más cuando se trata de sus propios errores.

Desde siempre en el país caribeño existieron grandes esfuerzos inconclusos, así como decisiones tomadas a destiempo. Ante el caos estamos millones de ciudadanos esperando buenas decisiones tomadas a tiempo para ser materializadas de la manera más adecuada posible. Ni buenas decisiones, tampoco tomadas a tiempo y menos de la forma más adecuada.

Al parecer, distintos puntos marcan la agenda del nuevo parlamento nacional y en general de la sociedad política venezolana; unos más candentes que otros, pero sin duda deberán ser abordados sin más dilaciones, y precisamente dilatar las decisiones parece el sentido de la agenda de los políticos en Venezuela.

1.Combustible. Llenar el tanque de tu vehículo con menos de un centavo de dólar, a diferencia de los 50 USD promedio en países del continente, es hasta divertido de contar a tus conocidos en el extranjero, cuando esto supone un subsidio que resulta más bien es un desangre para el resto de la economía. Un incremento que implique llenar el tanque del vehículo entre una décima de dólar y un cuarto de dólar, no estaría nada mal como medida a tomar en el muy corto plazo.

2.Seguridad. Enfilar toda una campaña pública nacional más o menos concertada al último año de gobierno del Pdte. Chávez, es tal vez el error político más grave del gobierno bolivariano. El tema de los “buenandros”, los atracos “justificados en el hambre y el clamor del pueblo tradicionalmente excluido y explotado” y el no abordar el problema con mano dura por “cumplir con los derechos humanos” (cuando el trasfondo se trataba de no molestar a un electorado concentrado en las masas populares y cifrar esperanzas -electorales- en él) junto con el mayor error, es además el más grande boomerang que le ha cobrado al gobierno en popularidad.

3.Agricultura. Suponer que quienes jamás han administrado un predio agrícola iban a tener mayor capacidad gerencial para levantar la producción alimentaria del país, es otro de los persistentes errores del actual gobierno. Las finanzas y el mercadeo agrícola y agroindustrial, son más complejas que el manejo de un establecimiento comercial urbano, ya de por sí complejo de administrar. Ante tan relevante problema se debe potenciar urgentemente el tejido empresarial agroproductivo de mayor experiencia. Imaginemos que ante una catástrofe natural hay que mandar un emisario a cruzar el río a nado, ¿a quién mandarías?, ¿el que más sabe nadar y tiene más probabilidades de traernos ayuda?, ¿no lo crees?, piénsalo. Como pequeño y mediano agricultor, sé lo que les digo.

4.Vivienda. Bien por el gobierno nacional que quiere construir en cinco años las viviendas que no habría hecho en veinte. Está bien, pero está mal; estás distorsionando la economía, haciendo colapsar el mercado aguas arriba de insumos y materias primas, ensombreciendo la iniciativa privada y creando enormes vacíos financieros en el sistema bancario nacional, ni hablar de la disposición apresurada de terrenos antes destinados a otro tipo de actividades y que la decisión de urbanizarlos ha hecho colapsar en parte su entorno (no en todos los casos).

En cuanto al tema vivienda, sugiero sincerar las cifras con valores ajustados a los indicadores poblacionales de cada período presidencial. Por ejemplo, en los gobiernos de Chávez y Maduro se ha entregado un promedio anual de 62.500 viviendas (tomando en cuenta también los primeros años del período Chávez) con una población promedio de 27.000.000 habitantes, lo cual nos da un indicador de eficiencia de 0,002315. Por su parte, el gobierno de Herrera Campíns construyó un promedio anual de 78.379 viviendas con una población nacional promedio de 15.000.000 habitantes, para un indicador de eficiencia de 0,005225, muy por encima del actual gobierno.

5.Educación. Sin duda alguna se ha ampliado la cobertura de manera asombrosa, pero han caído los sueldos de los profesionales calificados, por cuanto el empresariado se puede dar el lujo de comparar entre centenares de aspirantes. La oferta laboral supera con creces la demanda de trabajo, cuyo mercado se ha agravado además por la distorsión que implica la contracción económica nacional y el cierre de innumerables empresas. El sueldo de la mano de obra más calificada y la de los técnicos y profesionales, no marca mayor diferencia en la escala salarial venezolana respecto de la que no. No se trata de darle sentido capitalista a la capacidad técnica en Venezuela, pero sí de frenar el avance de la enorme desmotivación que existe en la preparación formal. ¿Vale la pena ser profesional en Venezuela con sueldos ejecutivos promedios que no se acercan siquiera a 50 USD? Los tabuladores salariales deben ser revisados con enorme urgencia, dentro de otros argumentos, es uno de los principales que lleva a la deserción y emigración en nuestro país.

6.Situación universitaria. Es posible que muchas de las soluciones a los problemas que vive el país pasen por el trabajo y propuestas de los tecnológicos y universidades venezolanas, pero históricamente los gobiernos venezolanos no han permitido el necesario protagonismo que debe tener este sector. Muchos de nuestros problemas ya no se resuelven con más musculatura financiera, sino con inteligencia organizacional y desarrollos tecnológicos. Deja trabajar a las universidades y verás de lo que son capaces. Pero las universidades también deben comprometerse a un vuelco productivo a lo interno; ya no más de lo mismo; la creatividad y la innovación deben ser el medio y el fin, pero esto nos ha costado mucho comprenderlo. Mientras en las universidades sigamos trabajando con clases convencionales, métodos convencionales y contenidos convencionales, jamás obtendremos resultados de vanguardia y de impulso productivo para toda una sociedad que aún confía en nuestro trabajo.

7.Tema cambiario. Es tal vez es el punto de agenda más candente de asumir, nadie asume el riesgo del costo político que esto supondría, pero hay que hacerlo. Hay que lograr una unificación cambiaria a mediano plazo, estableciendo un “dólar importador” y un “dólar exportador” que desafíe la lógica de la “gravedad económica” y se plantee paradojas económicas, es decir, donde un tipo de cambio favorezca (obvio) al importador y el otro al exportador. La sugerencia es que el dólar importador sea más económico (he allí la paradoja) pero sincerado a partir del valor máximo del actual control de cambio gubernamental (DICOM), para un acceso libre y más económico a insumos y tecnologías importadas, siempre que sea protegida la producción nacional (contingentamiento).

Por su parte, el dólar exportador (incluyendo el de los operadores turísticos en territorio nacional) debería rondar una media entre la tasa DICOM y el insensato cambio paralelo, con tendencia a disminuir en la medida que no sea obstruido su mercado cambiario, para que al convertirlos les incentive recibir más bolívares por dólar. Antes de los tres años, esta banda cambiaria debería unificarse sin mayores traumas a la economía, pero considero no debería hacerse en menor tiempo. Se trata además de no quitar los dólares a quienes los producen, sino de generar incentivos para que los reinviertan en el país. La diferencia matemáticamente negativa para el Banco Central de Venezuela (recuerden la paradoja matemática o económica) debe cubrirse a través de incentivos fiscales (“premiando” la reconversión industrial, por ejemplo), siendo éstos una parte del pago que el BCV hará del “dólar exportador” a los empresarios venezolanos.

8.Seguridad jurídica. Este es un tema base para un acuerdo de mínimo funcionamiento en Venezuela. La estabilidad está asociada a la capacidad de proyectar el desempeño (de una empresa o de todo un sector económico por ejemplo), pero en la medida que los escenarios cambien sin cesar, especialmente el marco jurídico, se hace imposible dar señales de seguridad al inversionista (generador de empleo y dividas), sin importar su magnitud y procedencia. Este tema es tan extenso como complejo, pero habrá que discutirlo sin más retrasos. Desde la deuda de cerca de cuatro mil millones de USD que el gobierno ha mantenido con las aerolíneas internacionales, hasta el tema de muchas de las expropiaciones llevadas a cabo, son tal vez miles los casos que podemos resolver asegurando una estabilidad jurídica bien entendida y fundamentalmente acordada.

9.Orden, disciplina y rendición de cuentas. La inexistencia de un orden homogéneo dentro y en torno al manejo de la data y la información pública es una verdadera locura en Venezuela. Basta comparar el contenido técnico y de información presupuestaria de los sitios web de los ministerios de nuestro continente, para darnos cuenta lo atrasados que estamos en publicación de información consistente y confiable. Esta situación amenaza con un mayor derroche de recursos si se sigue creyendo que el problema es deficiencia de ingresos. Esto debe asumirse con emergencia estructural, donde la normalización de procesos en materia de calidad en el manejo y sistematización de la información sea eje medular.

10.Amnistía y reconciliación social. Tal vez un pacto de no agresión y un programa mínimo de gobernabilidad suscrito entre las partes en conflicto, dará a Venezuela un camino cierto para transitar hacia un nuevo y mejor escenario. Lo encuentro más viable en el plazo inmediato, que una amnistía general. Es algo que las partes deben considerar, comenzando por ceder en sus posturas extremas. No veo otra opción para comenzar a viabilizar la agenda.

11.Decreto de emergencia. Para poner en agenda prioritaria todo lo anterior y tomar acciones correctivas, no se requiere un decreto de emergencia económica. Es absurdo dar más poderes o facultades al ejecutivo nacional cuando no ha sabido encauzar de manera eficiente los que ya tenía. Por el contrario, se requiere de más y mejor contraloría de las actuaciones del ejecutivo.

Finalmente, ya veremos si la agenda parlamentaria a lo interno logra una mínima conciliación (no se ha dicho renunciar a sus posturas ideológicas), y ésta a su vez con la agenda del ejecutivo nacional, para dar viabilidad a un nuevo y urgente mejor país.

Ahora el ajedrez político ya no depende de la fuerza de las partes, sino de su inteligencia. Si esto no lo toman en cuenta de nada servirá el llamado al diálogo. Confiamos en su inteligencia, ya no en su fuerza.

@samscarpato

Código: 02-2016-0131

Para citar este escrito: 

SCARPATO, Samuel. (2016). Venezuela, país de anuncios, decisiones pospuestas y acciones tardías. Primera publicación en fecha 17-Ene-2016 en el medio Facebook. Segunda publicación en fecha 29-May-2016. Consultado en fecha (día)-(mes)-(año). Disponible: http://samscarpato.com/venezuela-pais-anuncios-decisiones-pospuestas-acciones-tardias/