Me tocó dar una charla a un buen grupo de nuevos estudiantes, sobre cómo sortear las locuras que encontrarán en el camino y sobre cómo sobrevivir a este intrincado sendero. Luego fui espectador de una asamblea de profesores con la participación de importantes autoridades nacionales. A la salida de ambos eventos, traté de comprender la diferencia entre ellos y fue perturbadora la experiencia.

Darle ánimos a estudiantes que recién inician el primer semestre de la carrera es tan emocionante como ver un amanecer y tener ganas de correr y de comerse el mundo entero. Por contraste, escuchar a mis colegas profesores hablar de la política nacional y del conflicto universitario, es como ver un melancólico ocaso y esperar que obre el milagro de la intervención divina para la solución de los males que nosotros mismos, en su momento, cooperamos con su creación.

A los estudiantes les dije que no es su culpa lo que sucede en el país y en el mundo entero, pero sí es su responsabilidad ayudarnos a salir del atolladero en el que nos encontramos, en vista que viejos tirios y viejos troyanos se dedican a endosarse culpas unos a otros sin atreverse a asumir la responsabilidad (compartida) de lo que sucede.

Les hablé también de posibles lagunas o limitaciones en la ley que rige el ejercicio de su profesión, de la vida universitaria y de los peligros de militar en los partidos actuales y dejarse llevar por alguna de las insulsas opciones que se muestran en la actual palestra pública.

La talentosa Heredia, en una de nuestras clases de Gerencia Ambiental en el Parque del Este, Barquisimeto, Venezuela
La talentosa Heredia, en una de nuestras clases de Gerencia Ambiental en el Parque del Este, Barquisimeto, Venezuela

Hice hincapié en que los buenos estudiantes deben encabezar los legítimos reclamos estudiantiles, más no los malos estudiantes, tal como sucede con frecuencia en nuestras universidades. Si le damos rienda suelta a los malos estudiantes, más tarde serán los líderes estudiantiles que se convertirán en los políticos de turno. Por eso es preciso contenerlos a tiempo (más bien acompañarlos), a ver si corregimos parte de la razón de base de los entuertos que minan y destruyen nuestra sociedad.

Por su parte, en la asamblea de profesores me quedé callado, me limité a observar y escuchar. En anteriores asambleas, he evidenciado que no se pueden hacer novedosas propuestas ni alterar el lento sentido de la vida que ya va de salida. Al parecer, esperamos que las soluciones caigan del cielo antes de responsabilizarnos (en parte) por el desvío y por la ralentización en la que ha caído la universidad en las últimas décadas.

Según el profesorado, esta pérdida de ritmo no parece responder a factores internos, ni históricos, todo es culpa de lo que sucede extramuros y por supuesto del déficit presupuestario. Dicen mis colegas que no existen profesores flojos ni mal preparados, menos con poca empatía o falta de tacto, todos se preparan de más, investigan de más, proponen de más y se incorporan fervientemente desde sus áreas de especialidad a la resolución (compartida) de los problemas que aquejan los campos, las industrias, las empresas, las instituciones todas; nada de lo que aflige a los profesores es su culpa, al menos es el meta mensaje que te queda de las asambleas de profesores.

Ante este surrealismo un tanto bizarro, vuelvo la mirada al sector estudiantil y hago la más arriesgada de las apuestas e invoco el recuerdo de “la generación del 28”. Así como en la tercera década del siglo XX venezolano se alzaron excelentes estudiantes (científicos, poetas, algunos políticamente ya perfilados) contra el régimen del General Juan Vicente Gómez, siendo estos chicos unos de izquierda, otros de centro y algunos de derecha, no obstante dieron un paso conjunto, articulado y auto convocado para sentar las bases de lo que sería el más decidido cambio estructural evidenciado en las décadas de 1930 y 1940. No volvimos a ver algo así en Venezuela, esa extraña mezcla de excelentes perfiles, heterogeneidad política y un frente común para propiciar los cambios. Fue el salto mejor estructurado en la política pública venezolana, que trasciende aún a nuestros días.

A eso le apuesto en la segunda y tercera décadas del siglo XXI y seguiré apostando a la llegada de la subsiguiente década. Es difícil seguir confiando en políticos y autoridades, pero seguiremos teniendo políticos y autoridades, y los seguiremos eligiendo. De allí que el mensaje de mi escrito es que no permitamos (si fuera posible) que los jóvenes líderes que se vienen perfilando, provengan de canteras con deficiencias formativas. No será un cambio rápido, pero debemos comenzar y comenzar ya.

Aspiro que la universidad toda apueste al cambio interno a partir del cambio de ritmos y enfoques docentes. Debemos innovar en las aulas, romper los esquemas evaluativos pero en especial los esquemas de contenidos, atrevernos a avanzar sobre lo novedoso y lo desconocido, sobre los retos que nos imponen los problemas sociales que a su vez indican que no estamos dando soluciones.

Sin embargo, hablarle a la universidad a través de los profesores como interlocutores, es algo vano y eventualmente estéril, por eso le hablo al estudiantado, al más joven dentro de este sector. Apuesto a ustedes, no es su culpa, pero sí su corresponsabilidad sacarnos de este atolladero antes que nos volvamos viejos y estériles funcionales.

Por favor, escúchenme, ¡hagamos el cambio desde adentro!

@samscarpato

Código: 09-2015-7010

Para citar este escrito:

SCARPATO, Samuel. (2015). Universidad de locos, de los que entran y los que salen, o cómo explicar las contradicciones que aún no logramos superar. Primera publicación en fecha 27-Oct-2015 en el medio Facebook. Segunda publicación en fecha 21-May-2016. Consultado en fecha (día)-(mes)-(año). Disponible: http://samscarpato.com/universidad-de-locos-como-explicar-las-contradicciones-que-aun-no-logramos-superar/