A todos mis estudiantes y a quienes sientan vivo el espíritu universitario

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Escribirle a mis estudiantes en un aniversario de la querida universidad que me abrió las puertas a descubrir la pasión y el amor por este extraño mundo, pero también los sinsabores de la academia, supone un reto que no gustará a los lectores no versados en el arte de la inconformidad, en la irreverencia inaudita y en la terapia de extraño shock emocional que suponen mis clases, charlas y conferencias.

Por eso le escribo hoy a mis estudiantes, a riesgo que mis colegas docentes y supervisores me tachen de obsceno y subversivo. Es a ellos, a mis estudiantes, a quienes les hablo.

Al cumplir años mi universidad (y disculpen la arrogancia de presentarla o sentirla como mía) y a la vez verla técnicamente paralizada y oficiosamente de huelga (laboral -profesoral- no estudiantil), me invita a preguntarles qué vamos a hacer por ella y si seguiremos dependiendo de las decisiones socialmente justas pero éticamente desacertadas.

Una quinta parte de la base profesoral, perteneciente a un profesorado (redundo) que representa la cuarta parte de la comunidad universitaria activa, en otras palabras, el cinco por ciento de la comunidad universitaria global que hace presencia en nuestros espacios académicos, decidió por ellos y por el restante noventa y cinco por ciento de los miembros activos de esta casa de estudios, suspender las actividades académicas a razón de importantes reivindicaciones laborales exigidas y hasta ahora no cumplidas por parte del gobierno nacional.

Sin tratar de ser equilibrado, me propongo defender como libre pensador a mis colegas docentes, pero defenderé igualmente como libre pensador, a mis estudiantes, especialmente aquellos que ven lejos su acto de grado por el enorme retraso académico que suponen los paros universitarios.

Los profesores universitarios vivíamos en un feudo, en el mundo de muy, muy lejano. Teníamos hasta hace década y media, sueldos que superaban de diez a catorce veces el sueldo mínimo nacional. Muy aparte estaban los profesores de escuelas y liceos, fiscales de tránsito y enfermeras, médicos residentes y policías, ellos pertenecían a otra casta, no tenían vehículos último modelo ni compraban viviendas en los urbanismos más exclusivos de nuestra ciudad.

Por décadas, los paros universitarios respondían a protestas estudiantiles, no docentes. Por primera vez, la merma en los sueldos docentes (al menos una ralentización en los aumentos, comparando la más reciente década con todas las anteriores) hizo que nuestra casta docente universitaria observase de cerca a todos los demás oficios en el país, tan de cerca, que hoy rara vez compramos más de dos pantalones al año, como normalmente lo hacían quienes vivían fuera del feudo.

De golpe y porrazo nos hicieron pisar tierra, tierra que no sabíamos en muchos casos a qué olía. Ahora andamos a pie y en transporte colectivo, nuestros vehículos pasan más tiempo en los garajes y talleres que andando, tomando en cuenta que ya muchos profesores universitarios ni vehículo propio tienen.

Entre 2010 y 2015, recibido dos importantes “incrementos” de sueldos, uno de cerca del 80% y otro próximo al 150%, digamos un 46% promedio anual, dentro de un contexto inflacionario que supera el 67% (y más) promedio anual en el mismo período.

Si seguimos así, con “incrementos” cada tres años, en menos de una década tendremos que pagarle al gobierno para que nos permita trabajar. Nos convertiremos, si es que ya no ha sucedido, en trabajadores ad honorem, más a razón de los postgrados y cursos que nos han hecho estudiar para poder permanecer en los más altos escalafones docentes, ni hablar de la mediana pinta que debemos portar y representar. Nos está vetado el atender a nuestras familias, porque haces lo uno o lo otro, no da para más.

El resto de las profesiones y oficios en Venezuela, han sido “galardonados” con incrementos anuales en sus sueldos, eventualmente dos veces y en casos extraordinarios hasta tres veces por año.

Aceptar los argumentos esgrimidos por mis amigos de gobierno, en tanto ellos sostienen que los docentes universitarios hemos mejorado nuestras condiciones en la más reciente década, representa un insulto a la inteligencia y una oda a la ignorancia. Es a todas luces inaceptable cualquier argumento que ampare el desamor que han tenido distintas instancias de gobierno para con el subsector profesoral universitario.

Pero es igual de inefable aceptar la mitad de los argumentos que esgrimen mis queridos colegas que al parecer levitan en una luminosa casta social. Frases como “no pueden pagarme igual que a una enfermera o una maestra de preescolar” es tan insultante como decir “debo ganar más que un taxista”. Esas frases la oyes en las asambleas docentes y las lees en las pancartas de calle.

Creo que es más ético decir “cómo es posible que un magistrado de la Suprema Corte (en Venezuela ‘Tribunal Supremo’), menos preparado que yo, gane cinco a diez veces lo que yo gano”. Las “luchas” docentes universitarias apuntan mal y es que, en muchos casos, nuestros representantes (no todos) no fueron buenos estudiantes, no tienen moral académica para representarnos, por lo que me parece absurdo que nuestros gremios sean representados por personas que no se ubiquen en los puestos más altos de la excelencia académica en sus estudios de pre y postgrado, como tampoco en los primeros lugares en los resultados en las auditorías académicas que de cuando en cuando hacemos. Pero ese es otro cuento.

No estoy de acuerdo con los paros docentes, es un ancla al subdesarrollo. Tampoco estoy de acuerdo que el estudiantado se desmovilice, pero es absurdo que los máximos representantes estudiantiles (de hecho son mis amigos) a la vez militen y promuevan opciones político partidistas (las que sean). Esto implica la muerte de la irreverencia estudiantil, es el condicionamiento de la movilización hasta llevarla a su fracaso.

¿Estamos rodeados de incompetencia o de políticos de oficio?, ¿por qué se habla de academia y a la vez se milita activamente en partidos políticos que nos tienen jorobados con su extrema polarización y constante pugna partidista?

Dicho de otra manera, ¿por qué hemos permitido que la dirigencia profesoral y la dirigencia estudiantil dediquen tanto tiempo y energía a actividades políticas de calle a favor de alguna parcialidad político partidista?, ¿por qué el mesianismo ha penetrado (también) nuestras universidades y hemos dejado en manos de tan pocas personas las decisiones sobre el cierre o muerte de nuestra universidad?

Las asambleas de parte y parte asustan y te ahuyentan. Te reúnes con amigos de gobierno y no hacen más que hablar mal de la oposición y, por supuesto, de lo bondadoso que ha sido el gobierno para con las universidades.

En contra posición, asistes a asambleas de la dirigencia estudiantil (en su mayoría) y a casi todas las asambleas de mis queridos colegas docentes, y lo que menos se debate es la calidad del proceso académico investigativo. Se habla de lo costosa que se ha puesto la vida y de lo corrupto y desgraciado que es el gobierno.

Es una pesadilla estar rodeado de extremos, los extremos tocan los cascarones, pero ninguno llega a la esencia.

Invito a ese noventa y cinco por ciento de comunidad universitaria activa, a que tomemos la universidad y, en desagravio a lo que nos han llevado tirios y troyanos, hagamos el ejercicio democrático y constitucional de someter a procesos refrendarios todas las decisiones de las altas autoridades y dirigentes gremiales.

Más que un derecho es una necesidad. Les convido a que acudamos a la fiscalía del ministerio público para solicitar nos acompañen a cursar por ante un tribunal con competencia en la materia un “ya no más”. Ya no más minúsculos extremos decidiendo por los demás. Pero tampoco ya no más encantadores de serpientes tratándonos de convencer que “aumentándonos” el sueldo a los docentes cada tres años pudiéramos continuar funcionando.

Es hora que el estudiantado retome las discusiones académicas y acompañe a los docentes a mejorar sus condiciones, al tiempo de deslastrar esta gesta de las banderas político partidistas que han teñido de ignominia nuestras aulas. Nos hemos vuelto conformistas y permisivos, hemos perdido el verdadero espíritu universitario.

¿Qué ha sido de nuestra universidad?, en las actuales circunstancias no tenemos un panorama claro, de hecho no tenemos panorama. Mi recomendación parte por dejar de seguir a representantes que a su vez responden a una corriente político partidista. La segunda recomendación pasa por activar mecanismos refrendarios para legitimar las “grandes” decisiones que nos afectan a todos, por tanto todos debemos decidir.

Otra recomendación está asociada a conformar un parlamento universitario donde deliberemos con crudeza pero con armoniosa dignidad, y que los procesos refrendarios estén por encima de dicho parlamento, más no al revés (como viene sucediendo).

La actuación de la fiscalía del ministerio público y de un tribunal con competencia en la materia no debería descartarse. No es sólo para evitar el cierre de la universidad, sino para acompañar las exigencias docentes, que hasta ahora no hemos empleado estas instancias, y nos hemos quedado en la malcriadez de las amenazas de paro.

Deslastrar a la dirigencia docente y a la dirigencia estudiantil del exagerado sesgo político partidista es fácil. Sugiero un mecanismo refrendario, luego cursado por ante un tribunal que emita sentencia vinculante, para evitar que los que tienen los peores expedientes académicos sean nuestros representantes. La academia debe ser representada por los mejores académicos y los estudiantes deben ser representados por los mejores estudiantes. Decir lo contrario es un exabrupto que va en contra de los principios que rigen las mejores universidades del mundo entero.

Retomar el espíritu universitario sin invocar dicho espíritu y sin actuar en consecuencia, es tan nocivo como suicida, de allí que la cultura, la ciencia, la tecnología, el deporte, entre otras genuinas manifestaciones universitarias, deben “invadir” de nuevo nuestros pasillos, cafetines, aulas y auditorios. Ya no más el uso de nuestro recinto universitario para debatir pendejadas, redundancias y malacrianzas, tirios y troyanos han sacado el espíritu universitario de nuestros sagrados ámbitos académicos.

¡Ya no más!, retomemos nuestros espacios y hagámonos sentir, dejemos de ser cascarones y volvamos a ser esencia. esencia del espíritu universitario.

@samscarpato

Código: 09-2015-7008

Para citar este escrito:

SCARPATO, Samuel. (2015). A todos mis estudiantes y a quienes sientan vivo el espíritu universitario. Primera publicación en fecha 22-Sep-2015 en el medio Facebook. Segunda publicación en fecha 21-May-2016. Consultado en fecha (día)-(mes)-(año). Disponible: http://samscarpato.com/a-todos-mis-estudiantes-y-a-quienes-sientan-vivo-el-espiritu-universitario/